ANA MARÍA HERNÁNDEZ G.
EL UNIVERSAL
Un Antonio Estévez que no se parece ni a sí mismo ni a su Cantata Criolla será revelado esta noche con el estreno mundial de Cinco Poemas, obra basada en la obra de Nicolás Guillén.
Los responsables de este acontecimiento serán la Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar, bajo la batuta de Alfredo Rugeles y como solista el bajo venezolano Iván García, que es quien pone en el tapete las claves de la pieza. El sitio escogido es el Auditorio del Colegio Emil Friedman, a las 8:00 p.m.
Cinco Poemas es una obra que escribió Estévez en 1977 para la Universidad Simón Bolívar y han sido los músicos de esa casa de estudios quienes trabajaron el manuscrito para ponerlo a disposición de los intérpretes.
"Cuando empezamos el ensayo con la Bolívar, los mismos músicos decían ¿esto es de Antonio? -relata García-. El viejito sacó toda esa cosa loca que tenía guardada en algún momento de su formación: esto es de lo más contemporáneo de lo que estaba pasando en su época. Para mí, es el único de los compositores que estaba a la par de los pintores que siempre están a la vanguardia con los lenguajes artísticos. Esta obra lo dice mucho, el serialismo de los 70 está allí".
El cantante sólo conocía de Guillén lo elemental, y a partir del montaje de la obra prácticamente se hizo un especialista en el poeta cubano, al punto que llegó a relacionarse con la Fundación Guillén en La Habana.
"Los tres últimos poemas pertenecen a uno solo, Barlovento, Venezuela. Hubo un momento en el que vino aquí, hizo un viaje a Barlovento con Miguel Otero Silva, y dedicó ese poema, que está dividido en tres. El anterior (segundo en el orden) en Látigo sudor látigo, que junto a Barlovento los publicó en El sol entero en 1947. El otro (primero en el orden) es Caminando, un poema suelto".
El conjunto ofrece un panorama doliente, sin final feliz, "se relacionan perfectamente con la música que es descriptiva, como cuando ves un cuadro abstracto, que tienes que aguzar la visión y la sensibilidad. Aquí, el oído y la sensibilidad para leer lo que hay allí: Estévez no deja al azar nada y respeta el texto de Guillén, los tiempos de la palabra, el sonido de la palabra, el dramatismo, porque son poemas dramáticos, negroides".
Describe García que hay mucha percusión, pero sin presencia del elemento autóctono, sino la sugerencia por polirritmias y texturas sonoras. "Yo estoy enamorado de la obra, es muy difícil pero no es virtuosa. Necesita mucha coloración y se maneja en un registro extenso".