ANA MARIA HERNANDEZ G.
EL UNIVERSAL
Hablar con la poeta venezolana Elizabeth Schön es un
privilegio por la paz y la sencilla sabiduría que sus
palabras transmiten. Y su libro más reciente, Visiones
extraordinarias, refleja esas sensaciones. Un libro en
el que dos temas se reiteran constantemente: Dios y el amor.
"Eso que está allí -Schön señala el libro-
es verdad. Yo estaba sentada en esta silla, tenía al
lado una estrella, y cuando me volteé tenía al otro
lado otra estrella. Yo tenía los ojos abiertos, porque
no quería que fuera fantasía sino realidad. Me vi
parada sobre una enorme hoja de zinc, y me dijeron: "Tú
estás en el presente, en el futuro y en el presente;
en lo infinito y lo finito". Agrega que Schön que fue
una voz la que escuchó. "Yo no tenía miedo, y de
pronto volví a mi cama otra vez".
Relata que de pronto sintió ruidos, como de quien anda
por ahí a medianoche. Tanta fue la insistencia, que se
sentó en la cama, y entonces preguntó "¿Quién
está allí, que no me dejas dormir? ¿y sabes
lo que me contestaron?. "Yo soy Dios". Sí, era una vocecita
bella, dulce, de hombre. Me acosté porque me quedé
sorprendida. Luego, cuando me di cuenta estaba en el cielo,
y desde arriba vi la Tierra dando vueltas, y los astros. Me
quedé en la inmensidad, sola. ¿Qué va a ser
de mí? No, yo me voy para mi cuarto, y cuando hice ese
esfuerzo me encontré en mi cama, y allí estaba mi
perrita, viéndome, como preguntando dónde estabas
tú".
Luego de esas visiones, Schön escribió el libro.
"Fueron visiones que yo tuve".
Para cumplir con su oficio escritural tomó lápiz
y papel, porque "nadie sabe lo importante que es el lápiz
y el papel: resisten la palabra, porque la palabra es lo más
grande que ha hecho el hombre".
Para quien no conoce la poesía de Elizabeth Schön,
le parecerá extraño este relato. Sin embargo, su
trabajo está impregnado de esa profundidad espiritual,
mística, de cercanía con Dios. "Siempre ha sido
así, desde que tenía cuatro años. No creo que
las cosas nazcan, sino que están allí desde cuando
uno está chiquito y se desarrollan después en ti".
Por eso la autora ve esta publicación diferente, "porque
nunca había tratado a Dios, y a mí me gusta que
las cosas que uno dice salgan de adentro, de donde uno no
sabe cuál es ese adentro, que se pierde en el infinito.
Tengo dos años enferma (trombosis) pero mi cabeza sigue
creando", y asiente con toda su vehemencia que "la poesía
es la que transforma toda la realidad, hasta la cotidiana,
todo eso lo transforma en poesía. La poesía es la
que hace todo bello, porque nosotros estamos acostumbrados
a decir: "eso es feo", pero ¿por qué? Véalo
un rato, tranquilo, y la belleza sigue apareciendo sola. No
hay cosa fea, porque la naturaleza es bella y uno sale de
allí, de la naturaleza".
amhernandez@eluniversal.com