Emeterio Gómez es un convencido de la capacidad de autorregulación de las empresas; ello, a pesar de que reconoce que en el mundo, las empresas son hoy más importantes y tienen mucho más poder que los gobiernos. "No hay gobierno que detenga a una empresa; todas son oligopolios, de enorme poder, a través de fusiones y recontrafusiones", señala, e indica que si las empresas no aprenden a controlar su enorme fuerza, el mundo se encamina al caos, porque la distancia entre pobres y ricos se elevará cada vez más.
Se le argumenta que tal pretensión es como la de tratar de convertir a un tiburón en vegetariano, a lo que el filósofo contrapone que "un tiburón se puede volver vegetariano si comprende que si mantiene sus hábitos alimenticios, pronto se va a quedar sin comida. Y eso es exactamente lo que está pasando: A las empresas les conviene que la pobreza disminuya, porque eso implica que tendrá más consumidores, podrá sobrevivir. Si eso no se produce, en algún momento escasearán tanto los consumidores, la pobreza será tan alta, que vendrá un estallido".
Pero añade que, además, la responsabilidad moral de la empresa es un imperativo que viene de la misma sociedad: "el desarrollo creciente de una preocupación por la ética en todos los ámbitos de la sociedad: La mundialización de la ética. El caso de Pinochet, por ejemplo, que fue apresado en Inglaterra; o los escándalos de Enron, WorldCom, Arthur Andersen o Parmalat. Por todos lados surge ese proceso, que tiene que ver con la moral".
Advierte Gómez que este movimiento "no es una moda. Tiene elementos de moda, pero desde hace tiempo viene dándose un resurgir de la moral y de la religiosidad. El regreso de la religión es un proceso general, llámese cristianismo, budismo o islamismo. Allí está una clave fundamental, va mucho más de la moda de la responsabilidad social de la empresa, es un sentimiento que inunda a toda la sociedad. Hay un renacer de la espiritualidad, de la preocupación del Ser Humano por su condición interna, y eso vale para políticos, sociedad civil y empresa".
No se siente raro llamándose aún liberal. "En ese proyecto, centrado en la libertad individual, el Estado de Derecho, la democracia y la autonomía de la conciencia moral, además de la libertad de mercado, creo y seguiré creyendo. Creo, como Fukuyama, que ese es el Fin de la Historia". _PGO