ANA MARIA HERNANDEZ G.
EL UNIVERSAL
La escritora y poetisa venezolana Esdras Parra falleció
el jueves en la tarde en Caracas, dejando una obra intensa y
concisa.
Nacida en Santa Cruz de Mora (Estado Mérida, 1939),
estuvo entre los fundadores de la revista Imagen. Su labor
se orientó hacia la crítica cinematográfica,
la traducción y la narrativa.
Entre sus libros figuran El insurgente (1967), Por el norte
el mar de las Antillas (1968) y Juego limpio (1968); y la
editorial Monte Avila le publicó en 1995 Este suelo
secreto, bajo la colección Altazor; y su nombre figura
en la soberbia antología crítica de escritoras
venezolanas del siglo XX compilada por Yolanda Pantin y
Ana Teresa Torres, publicada en 2003 en coedición entre
la Fundación Polar y Angria.
Justo allí, en ese compendio, se lee su Autorretrato,
acaso la mejor forma de acceder a esta autora tan impenetrable
como las montañas de sus orígenes: "Creo que
llegué tarde a la juventud y a la vida. Escribo esto
y soy la primera en sorprenderme. Pero hay mucha verdad
en mis palabras. (...) Mi juventud y mi vida se han quedado
como a un lado, y no hablo simplemente de un pasado, mientras
yo sigo sola con la ilusión de que todo tiene sentido
y vivir vale la pena. (...) en las montañas de los
Andes, donde pasé la infancia y parte de la adolescencia,
y adonde vuelvo cada vez que puedo. La sabia de esos paisajes
agrestes, un poco bárbaros, circula por mis venas.
Decía al comienzo que las montañas condicionaron
de algún modo mi carácter. No miento. Mis temores
(¡Cómo lloré y tuve miedo en esa época!),
mi conducta reservada, callada, un poco sigilosa y secreta,
incluso mi sobriedad, mi mezquindad y mi egoísmo,
que creo ciertos, son producto de esos climas (...)".
Escribió: "Aquí no espero nada y es como
si dijera/ todo/ doy un paso sobre esta ceniza/ para
justificarme, para extender mi/ oscuro rumor dentro
de mi sangre/ y llevar la tierra hacia ningún lugar/
con el tiempo intacto y apretado/ a mi alrededor/ y
esta clave, la claridad que encierra/ mi caparazón/
hecha del mismo hueso".
Con este poema _y otros, compilados en el volumen
editado por Monte Avila_ Esdras Parra recibió
en 1993 el Premio de Poesía de la Bienal Mariano
Picón Salas.
Este mismo año, Parra fungió de jurado,
junto a Joaquín Marta Sosa y Enrique Arenas,
para premiar a la escritora Laura Antillano con
el Premio José Rafael Pocaterra 2004, en la
mención Poesía, y al escritor Angel Gustavo
Infante en Narrativa.
"No olvides la paciencia/ el lugar sin origen/
el reverso de tu yo/ encaramado sobre tus edades/
en el centro de la carne/ ni el rocío que
emana de tu voz/ fruto de tu silencio".