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Caracas, sábado 20 de noviembre, 2004  
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Esdras Parra se fue con su impenetrabilidad de montaña
Una voz densa y profunda

Con éste irrumpió en la poesía
(Foto Archivo)
Escritora, poeta y traductora, su nombre estuvo ligado a la revista "Imagen"

ANA MARIA HERNANDEZ G.

EL UNIVERSAL

La escritora y poetisa venezolana Esdras Parra falleció el jueves en la tarde en Caracas, dejando una obra intensa y concisa.

Nacida en Santa Cruz de Mora (Estado Mérida, 1939), estuvo entre los fundadores de la revista Imagen. Su labor se orientó hacia la crítica cinematográfica, la traducción y la narrativa.

Entre sus libros figuran El insurgente (1967), Por el norte el mar de las Antillas (1968) y Juego limpio (1968); y la editorial Monte Avila le publicó en 1995 Este suelo secreto, bajo la colección Altazor; y su nombre figura en la soberbia antología crítica de escritoras venezolanas del siglo XX compilada por Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres, publicada en 2003 en coedición entre la Fundación Polar y Angria.

Justo allí, en ese compendio, se lee su Autorretrato, acaso la mejor forma de acceder a esta autora tan impenetrable como las montañas de sus orígenes: "Creo que llegué tarde a la juventud y a la vida. Escribo esto y soy la primera en sorprenderme. Pero hay mucha verdad en mis palabras. (...) Mi juventud y mi vida se han quedado como a un lado, y no hablo simplemente de un pasado, mientras yo sigo sola con la ilusión de que todo tiene sentido y vivir vale la pena. (...) en las montañas de los Andes, donde pasé la infancia y parte de la adolescencia, y adonde vuelvo cada vez que puedo. La sabia de esos paisajes agrestes, un poco bárbaros, circula por mis venas. Decía al comienzo que las montañas condicionaron de algún modo mi carácter. No miento. Mis temores (¡Cómo lloré y tuve miedo en esa época!), mi conducta reservada, callada, un poco sigilosa y secreta, incluso mi sobriedad, mi mezquindad y mi egoísmo, que creo ciertos, son producto de esos climas (...)".

Escribió: "Aquí no espero nada y es como si dijera/ todo/ doy un paso sobre esta ceniza/ para justificarme, para extender mi/ oscuro rumor dentro de mi sangre/ y llevar la tierra hacia ningún lugar/ con el tiempo intacto y apretado/ a mi alrededor/ y esta clave, la claridad que encierra/ mi caparazón/ hecha del mismo hueso".

Con este poema _y otros, compilados en el volumen editado por Monte Avila_ Esdras Parra recibió en 1993 el Premio de Poesía de la Bienal Mariano Picón Salas.

Este mismo año, Parra fungió de jurado, junto a Joaquín Marta Sosa y Enrique Arenas, para premiar a la escritora Laura Antillano con el Premio José Rafael Pocaterra 2004, en la mención Poesía, y al escritor Angel Gustavo Infante en Narrativa.

"No olvides la paciencia/ el lugar sin origen/ el reverso de tu yo/ encaramado sobre tus edades/ en el centro de la carne/ ni el rocío que emana de tu voz/ fruto de tu silencio".



 
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